domingo, 27 de enero de 2013

Proyecto "Usted está aquí" - 700 metros


700 metros - Virrey Loreto y Delgado

Doscientos treinta y dos, doscientos treinta tres, doscientos treinta y cuatro... Baldosa rota. El chico se asomó al abismo y gritó. Madre, montaña molino, aspavientó, suplicó, contuvo, expiró. Aliento postrero, maternal resignación. Rogó, saltó, explicó. Murmullo, réplica, lengua voraz. Infame, nominal. ¿Qué nombra? No todo lo que se piensa puede ser dicho. El chico redobla el alarido, patalea. Pega a la ilusa con toda su fuerza.
Uno de los operarios del taladro que ha roto la vereda que ayer estaba entera desafía al pequeño demonio. Esos no son modos.
-- Madres modernas. Un par de bifes bien puestos.
El molino giró sobre su eje. La frustración movió a la montaña que se plantó frente al metido y le sacudió su paraguas con fuerza en el lomo.
-- Usted que sabe, que dice sobre lo que no sabe. Métase en lo suyo.
El pequeño cruzó la barrera nominal y se alejó rápido del escándalo.

jueves, 24 de enero de 2013

Proyecto "Usted está aquí" - 600 metros


600 metros - Virrey Loreto y Av. Álvarez Thomas


-- ¿Me hace un lugar, por favor?
La pregunta demoró unos minutos en llegar a su cerebro. La tibieza empastaba sus neuronas. Su siesta, único patrimonio del jubilado. ¿Quién se atrevía? Algunas migajas de la voz ronca se enredaron en la pilosidad de sus orejas. El eco brotaba cerca. La voz de la conciencia. ¿Soñaba? Entreabrió los ojos. Una silueta recortada por el sol. Alguien bajo, mayor. Calvo y regordete. Podría ser él mismo. O cualquier otro. Los viejos se ven todos iguales. Qué va a hacer.
La plaza estaba vacía, había por lo menos otros tres bancos con la misma orientación, casi tan sanos como el suyo, o más. ¿Por qué le pedía su asiento?
-- Si puede correrse hacia alguno de los extremos del banco.
Entonces sí se despertó. Sus músculos no reaccionaron con la presteza que exigía la situación, pero logró igual imprimirle un halo de enojo al movimiento de su cuerpo. El otro lo miraba expectante. Se le paró enfrente. El otro anciano le sostuvo la mirada con idéntico gesto. Un fiel reflejo de su propia estampa. ¿Cuál era el original? Sospechó de sí mismo, bajó la cabeza y, se apartó. Imposible saber a cuál de los dos le correspondía el banco.

lunes, 21 de enero de 2013

Proyecto Usted está aquí - 500 metros


500 metros - Elcano y Álvarez Thomas, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Esperó el semáforo. Puso primera, arrancó suave, accionó las balizas, cruzó la intersección de las cinco avenidas y aminoró la marcha. El día venía escaso, pero a esa hora el bagre picaba igual. Qué sabe el estómago de economía doméstica. Buscó un lugar dónde detenerse en doble mano. Otros dos taxis le habían ganado. Por lo menos tendría con quién entretenerse mientras se clavaba una porción de muzzarella. Oscurecía temprano, parecía invierno. Tenía que empezar a traer la campera, no alcanzaba con el pulóver de Mirta. Pobre, había estado tejiendo meses. El cuento de nunca acabar: cada vez que estaba por terminar, la panza de su marido crecía otro par de centímetros. Mucha pizza, por más que el doctor prohibiera, en la calle no había solución más barata.
-- ¿Está libre?
Una mujer. O casi. Osvaldo tenía un imán con los travestis.
-- No, pibe. No te confundas, yo no llevo putos.
La mujer había sido un hombrón grandote, y todavía conservaba el porte. Osvaldo bajó del auto sin mirarla. Ella lo midió pensando en embocarlo. El taxista le dio la espalda bajándose el suéter, que insistía en arremangares sobre su abdomen. Un punto se había saltado y comenzaba a destejerse. La chica se alejó por la avenida. El taxista entró a la pizzería. Los colegas aprobaron la acción en silencio. Una cosa es que la calle esté dura, y otra muy distinta es andar levantando travas.

sábado, 19 de enero de 2013

Proyecto "Usted está aquí" 400 metros


400 m - 14 de Julio y Álvarez Thomas


-- Peinala a Inés-- ordenó furioso. Que no hubiera clientes no habilitaba a los peinadores a dormirse en los sillones. Por lo menos que le arregle esos rulos a la chirusita de recepción.
-- A mí ya me peinó Ernesto, Orlando.
-- Estás despedido. Un horror lo que le hiciste. Lavá y  peiná de nuevo. Desde hoy la quiero con pelo lacio. Más elegante.
Orlando había inaugurado a principios de mes. Con toda la pompa. Fiesta, plantas, volantes, tres estilistas, y una lavadora recepcionista. Ya habría tiempo para añadir depilación. El negocio iría creciendo sobre la marcha. El barrio no tenía otra peluquería, ese local en la esquina de la avenida era una pegada. El de la inmobiliaria dijo que cerraron por duelo, pero que el negocio era un éxito.
Sin embargo, nada. No entraban ni los vendedores ambulantes. Inés aseguraba que había vecinos que hasta cruzaban la avenida para no caminar por esa vereda. Una locura, pero la verdad es que no pasaba ni un alma.
Y estaba el asunto de las tijeras. Rubén, de hecho, había renunciado porque aseguraba que había visto a sus tijeras moverse solas sobre la mesa. Un desatino, pero era cierto que las tijeras se perdían todo el tiempo; claro que esa era una circunstancia típica de cualquier peluquería.
-- Gajes del oficio -- alegó Orlando.
El día que Inés presentó su renuncia, ya no quedaba ningún elemento cortante. Habían desparecido todos. Orlando, que no podía sostener el emprendimiento, le propuso a Ernesto volver a emplearse ambos en la peluquería grande de la estación. Barrio maldito. Se fueron y no volvieron más. Jamás supieron lo del asesinato del juguetero. Los vecinos sabían ocultar sus secretos a los forasteros.

Proyecto "Usted está aquí"


300 metros, 14 de Julio y Charlone, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Las piernas le pesaban. La sexta vuelta era demasiado para sus músculos convalecientes. Deportista de elite, ironman. Quién lo viera y quien lo ve.
-- Inspiro, expiro. Por la nariz. No abras la boca.
Idiota. Ya sabía que no debía abrir la boca sólo que no podía evitarlo. Un efecto pez fuera de la pecera. No podía dejar de ahogarse, pero conocía perfectamente la técnica. ¿Para qué había contratado a un entrenador? Para escucharle decir obviedades. El tipo trotaba frente a él, elegante, suficiente, condescendiente. Fachero, hasta las jubiladas del yoga lo miraban de reojo. Ocupaban todo el centro de la plaza. Viejas putonas. ¿Por qué no se buscó una mina? Una que fuera como la zanahoria del caballo. Un culito apretado que diera ganas de seguir. Pero no, desde el accidente ya no tomaba sus propias decisiones. Mary se había hecho dueña y señora. ¿Dueña de qué? Del gordo fofo en el que se había convertido. Pobre Mary, semejante carga. ¿De dónde habría sacado el teléfono del entrenador? En eso seguía siendo el mismo. No podía dejar de pensar mientras corría. Como sí un cable uniera sus pies y su cabeza. A quién carajo le importaba de dónde había sacado el teléfono del entrenador Mary. Pensar que el médico le ordenó que volviera a entrenar para que dejara de pensar.

jueves, 17 de enero de 2013

Proyecto "Usted está aquí"


200 m Charlone y Estomba, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina


Una familia como la de ellas, de pura mujeres, no se podía dar el lujo de prescindir de un hombre que las ampare. Aunque sea por un rato, por unos meses o unos días. Uno que traiga cuando tiene, y cuando no, no. Alcanza con que se muestre. Que todos vean que hay un gallo en el gallinero, nada más. Nada menos.
Cosa de Mandinga: las Espósito sólo paren hembras. Desde varias generaciones hasta la fecha. Y no es que se quejen, ser mina tiene sus ventajas. No fue trabajando que lograron su monoambiente en la torre ocupada unos meses antes de que se terminara su construcción. Por aquella época había organizado la toma uno de los obreros paraguayos, en señal de protesta por el atraso en los pagos. Un señor amable que noviaba con la abuela de Jessica, y que les hizo un lugar a todas. Uno que tuvo la decencia de migrar detrás de otra, antes de tentarse con la carne más fresca que le pasaba cerca.  Después de eso anduvieron unos cuantos meses solas, hasta que la mamá de Jessica trajo a un colectivero de la 140, que se le enamoró de tanto verla en el balcón, cuando pasaba en su recorrido. Cada vez que alguna de las tres oficializaba algo armaban un apartado con unas cortinas que colgaban del techo para que la pareja tuviera su nidito de amor. Que el hombre se sintiera cómodo, que les durara lo máximo posible. Tarea difícil, cada vez les costaba más. Abuela y madre se estaban poniendo viejas, y la nena todavía era muy nena.  Por eso, cuando el colectivero anunció que la nena esperaba un pibe, ninguna se sorprendió.
-- Piba-- le aclararon-- y reacomodaron el cortinado.

lunes, 14 de enero de 2013

Proyecto "Usted está aquí"


Km 0,100 - Tronador y Charlone, Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Argentina

Alzó la piedra del piso y la colocó junto a las otras, en el marco del ventanuco del baño. Los bordes de las ventanas de la cocina y de la pieza estaban tapizados de pedruscos. Los ponía uno pegado al otro trazando un sendero desde un ángulo hasta el opuesto.  Al llegar al extremo volvía a comenzar con una nueva hilera, y así hasta cubrir toda la superficie. Algunos días levantaba varios a la vez. Otros era solo uno. Ninguno era igual al  otro: tenían distintos tamaños, contexturas y procedencias. Hubo una semana de fragmentos de ladrillos provenientes del macetero del frente.  Los fueron arrancando de a uno. Pobre árbol quedó desprotegido. Hurgaban en el conteiner de la esquina y extraían todo tipo de objeto contundente. Era sorprendente la habilidad que tenían. Chicos pero astutos. Vivir a una cuadra del colegio había sido una ventaja en otro tiempo. ¿Tuvo hijos alguna vez? Pasado remoto en que los niños no constituían la amenaza actual. El mecánico de la vuelta le aconsejó que denunciara a los pequeños vándalos, que no podía pasar otro invierno con las ventanas rotas. Pobre iluso. El hombre joven es ingenuo. No puede imaginar que vendrá una época en la que deberá esconderse. Pretendían internarlo. Apoderarse de su pocilga. El barrio se había llenado de torres elegantes. La escuela cercana continuaba atrayendo a las familias. La longevidad era una piedra pesada.

sábado, 12 de enero de 2013

Proyecto: Usted esta aquí


Km 0: Roseti y Tronador, Ciudad Autónoma dé Buenos Aires


La nena tenía un temblor inusitado. Pedía el teléfono. Necesitaba hablar con su papá. Un hombre bajito, moreno. Los tres eran pequeños. Una familia achaparrada, cabeza gacha. Planta baja al frente. Casona vieja, pasillo al fondo, hilera de cuevas. Propiedad horizontal, PH. Arriba reinaba la antigua dueña del edificio, que se había ido replegando a la fuerza, juntando los jirones de un tiempo mejor. El difunto había sido policía. Su viuda, heredera del linaje, no lograba resignarse.
Mentón tembloroso, palabras remotas. La niña leve hablaba con voz lejana. Lengua materna, delantal blanco.
-- ¿El teléfono?-- pregunté retórica.
Asintió inmóvil, se lo alcancé. El dedito tecleó veloz. Los ojos suplicaron privacidad. Me aparté estirando la oreja. Curiosidad de conventillo. Sollozaba, murmuraba, suplicaba. Cortó, balbuceó una disculpa y amagó con retirarse. Pero no se fue. Sus pies habían echado raíces en mi living comedor. Le calenté leche, colgué con cuidado el delantal, y la dejé perdida frente al televisor. Cuando la vecina de arriba me golpeó la puerta negué todo. Yo no conocía a los peruanos ocupas del frente. Ni siquiera sabía su nombre.