lunes, 31 de octubre de 2011

Día 35 (31/10/11) – Proyecto 150 (palabras) x 365 (días)


Siete mil millones

de Bibiana Ricciardi

En el grupo le enseñaron a curar el insomnio contando sus propias respiraciones. Inspiro profundo, exhalo lento. Uno inspiro, dos exhalo. Cuando compraron el departamento en la avenida temió no acostumbrarse al bochinche. Ahora, en cambio, lo necesita como al agua.
Abre las ventanas para que el ruido del tránsito tape el del llanto del bebé de los del tercero. La ciudad es una bendición. Sobre todo para el que vive solo. Semejante piso para ella sola. Aldo se lo había dejado todo. La casa del country, la de la playa, el auto. Dijo que le alcanzaba con su hijito por venir. Así lo atrapó la yegua. A la vejez viruela. Porque a él no les gustaban los niños. Ya somos demasiados, el planeta ya no resiste tantos habitantes.
La cabeza se le va por ahí y pierde la cuenta. El llanto agudo del recién nacido taladra sus entrañas.



Día 34 (30/10/11) – Proyecto 150 (palabras) x 365 (días)

Co autor

de Bibiana Ricciardi

“De cuantos libros he entregado a la imprenta, ninguno, creo, es tan personal como esta colecticia y desordenada silva de varia lección, precisamente porque abunda en reflejos y en interpolaciones.” El reloj del comedor tocó doce campanadas justo cuando Eduardo terminaba la última palabra del epílogo de su nuevo libro. Lo tomó como un buen augurio. El trabajo del escritor debe tener alguna forma de disciplina, de lo contrario se diluye en el abandono de la pereza. Borges decía que no hay punto final, sino autores holgazanes. Eduardo se sabía a salvo. El maestro le había dado la clave. Las interpolaciones. Qué cosa es hacer, sino re hacer lo que ya hicieron los que nos precedieron. Por eso Eduardo ni lo intenta. Le falta narcisismo. Lo suyo es la re escritura literal. Ha dedicado cada mañana de su vida a copiar de puño y letra la extensa obra de su maestro.  

Inspirado en: http://www.perfil.com.ar/ediciones/2011/10/edicion_622/contenidos/noticia_0001.html

sábado, 29 de octubre de 2011

Día 33 (29/10/11) - Proyecto 150 x 365

Violencia juvenil

de Bibiana Ricciardi
 

Apura el ritmo y enjuaga el último plato. Podría usar solo uno pero alteraría la rutina. Doña Beatriz no es de las que permiten un cambio. En la mesa, tres platos.  Así lo hace desde la noche del portazo con el que se fue su hijo, después de la cachetada que le cruzo el padre al enterarse de que al nene no le gustaban las nenas.  Y lo siguió haciendo tras el suicidio de su esposo.
El cucú canta la hora y ella sale con la silla de paja a la vereda. La cuadra no es lo que era. Tanto muchachote violento. Son todos delincuentes. Lo dicen en la tele. La juventud esta perdida. Los padres no les ponen limites, y la justicia tampoco. Entran por una puerta y salen por la otra. Doña Beatriz mira de reojo el reloj, desearía entrar pero todavía le quedan doce minutos de vereda.


Inspirada en: http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-180029-2011-10-29.html

viernes, 28 de octubre de 2011

Día 32 (28/10/11) – Proyecto 150 (palabras) x 365 (días)


Medalla al mérito
de Bibiana Ricciardi

-- ¿Por qué te metés?
-- Porque te atacaron.
-- Nadie me atacó.
-- Un castigo injusto es un ataque.
-- Le saqué una foto a Melu en clase.
-- ¿Y por eso te van a quitar tu mérito de mejor alumna?
-- Nadie me lo quitó. Sigo siendo la mejor.
-- Exacto. La mejor. Y la mejor es la abanderada.
 -- No me interesa ser la abanderada. Ya estoy harta.
-- Es tu logro. Primaría y secundaria. Toda una vida esforzándote. Y te van a sacar la bandera por sacarle una foto a una amiga.
-- Y por subirla a Facebook.
-- Todos los adolescentes suben sus fotos a Facebook. Yo mismo te compré el telefonito para que hagas todas esas cosas.
-- Es una foto del rollo que le sale por arriba del pantalón…
-- Y que se joda por gorda, mi amor. ¿No ves que todas te envidian?

jueves, 27 de octubre de 2011

Día 31 (27/10/11) - Proyecto 150 x 365

Cadena perpetua

de Bibiana Ricciardi

Desde el balcón la avenida se ve pero no se oye. El viento sube algunos retazos del ruido urbano. Sólidos eslabones de su cadena perpetua. Maria sabe sostenerse del bramido lejano de un motor. Aprendió a vivir con el oído alerta. Un bocinazo potente puede esconder los gritos de un compañero desgarrado.
Treinta y cinco años después la avenida todavía conserva intactos sus ruidos piadosos. María necesitaba volver seguido. Estremecerse como una hoja ante la imponente entrada pretensiosa del campo de detención. Por eso compró un departamentito con balcón justo  enfrente. Desde allí arriba se veía casi inocuo.
Quien le hubiera dicho entonces que el río también estaba cerca. Un río mudo, pura postal. Desde la radio la voz monocorde del juez desgrana una condena eterna. María hunde sus ojos vacíos en la inmensidad pequeña que se abisma. Levanta la copa y brinda. ¿Podrá dejar de temer?