martes, 24 de noviembre de 2015

Gracias Aurora



Las bobitas

Nela, Nela, Nelita…
¡Nela! Nelota. ¿Nela?
No te hagas.
Pensame lo que pienso. Sé que me escuchás. Me oís. Me pensás.
Te oí pensarme. Me estás pensando. Yo sé que me entendés. Pensé que me estabas pensando. Vos me pensás porque yo te pienso a vos. Es así. Si no te pensara, ni siquiera podrías empezar a pensar. ¿Existirías? No sé. Probablemente sí. A veces huelo cosas que jamás pensé que existieran. Sin embargo están allí. No necesitan que yo las piense. Como tía Marita. No necesita. Vos sí. Me necesitás para poder pensar. ¿Te molesta? ¿Lo preferís al revés?
Es lo mismo. Quién piensa a quién es lo mismo. No cambia nada. La cuestión es pensarse. Mutuamente. La una a la otra. Porque si no… Pobrecita mi hermanita. Medio bobita. Ella quiere pensar primero. Muy bien, no hay problema. Vos primero: Yo te pienso porque vos me pensás a mí. ¿Sí? No. No te gustó. ¿Lo de bobita te molesta? Cada una con lo que es. Lo que se ve. Es lo mismo. Una forma de decir. Lo que se ve con la cabeza. Cada una con lo que se piensa. No sé qué se ve, pero lo pienso. Para mí lo que se ve es lo que yo pienso que se ve. Y lo que vos pensás que se ve. Porque también puedo pensarte. Pensar tu pensamiento. Ahí dice, sí. Mucho dice. Las dos decimos. Mucho decimos. Pensamos mucho. Hasta que el pensamiento se cansa y se apaga. No me gusta que te apagues. Nos apagamos rápido porque somos bobitas. Así sabemos que somos bobitas. Es una suerte ser bobitas. Eso lo pienso solita parece. ¿Vos no? Tenemos que pensarnos bobitas para seguir siendo bobitas. Vos más. ¿Ves? Eso lo pensé porque soy menos bobita. Por eso sé que tía Marita sabe.
Todo sabe. Pienso que sabe todo, pero no puedo pensarla a ella. Vos tampoco. No lo intentes. No gastes pensamiento. No te canses. No podemos pensarla porque ella no nos piensa a nosotras. Dejá de pensar en eso, Nela. Me asusta que gastes pensamiento en cualquier cosa. Mirá si se te acaba. Me quedo solita. Pensando nada. Desaparezco. Pensemos juntas, está bien. Me retracto. Cambio el orden. Vos pensás y yo repito tu pensamiento. ¿Querés? Trato de pensarlo igual que vos así te gusta más. Caprichosa.
Dale. Nela, dale. Decilo.
Bueno, pensalo.
Vos me pensás porque yo te pienso a vos.
Tampoco. Pensalo y yo te sigo: “nosotras nos pensamos porque nos estamos pensando”. ¿Sí? ¿Está bien? ¡Lo dije!
¡Es lo mismo! Decir es como pensar. No sé cómo es para la gente. ¿Qué es la gente? ¿Cuál? ¿Tía Marita? No me gusta la gente. Sé lo que es gente. Gente es lo que no es bobita. Nosotras no. Tía Marita, sí.
No pensé eso. No lo pienses. Por favor, me da miedo. Sí me gusta tía. La gente es la que no me gusta. Yo no dije que no me gustaba tía. No tiene nada que ver. Querés pelearme. Pienso que tía Marita es gente. Por supuesto. ¿Qué va a ser si no? Y no, no me gusta la gente. No conocemos otra gente, Nela. No podemos pensarlo porque ni nos piensan, ni los pensamos. Entiendo. Si la única gente es tía Marita, y yo pienso que no me gusta la gente, entonces es como pensar que no me gusta ella. Puede ser. Hay bobitas, hay gente que no conocemos, y hay tías. Lo que no me gusta a mí es la gente. No las tías. Las tías sí me gustan. Pero lejos. Sos tan bobita que me hacés confundir. No pensemos a tía Marita. ¿Dale? Hacé fuerza. Dale.
(Silencio)
La estás pensando. No lo hagas. Necesito ver si funciona. No la pensamos y desaparece. Pero vos la estás pensando. A ella, sí. ¿No podés dejar de pensarla? Yo sí puedo. Pero no sé si vos podés. No me gusta cuando te toca. No puedo dejar de pensar lo que pensás. Si fueras menos egoísta dejarías de pensarme. Así no siento la humedad. Babosa. Se retuerce por tu cuerpito. Más te toca, más se moja. Entonces huelo. Aunque no pienses. El olor se huele independientemente del pensamiento. La gente huele. No me gusta. Nosotras no olemos. No tenemos líquido, por eso no olemos. Por adentro huelen. Lo sé porque el olor sale de los fluidos que desprenden. Nosotras no tenemos. Pis y caca no son fluidos. No son feos. Yo los pienso ricos. Tu pis y tu caca. O la mía. A ella en cambio se le desprende esa baba. Saliva arriba y gelatina por abajo. Cuando te toca. Y te deja toda llena de sus fluidos. Si no la pensamos tal vez. Pienso que huelo. ¿O huelo lo que vos le olés? ¿Si dejamos de pensar el olor? ¿Me olés cuando te huelo?
No olemos. Las bobitas no olemos.
Las tías huelen. Un olor inmenso. Más olor que gente. Que tía. La gente huele. No me gusta el olor. El olor tapa el pensamiento. No te escucho cuando huelo. El olor tapa el pensamiento. El tuyo, Nela. ¿Cuál va a ser? Las tías no piensan. O sí, pero no las oímos porque no nos piensan a nosotras. Solo nos babean. Te babosea. Te toca. Vos pensás feo, oscuro. Me asusto.
Mentira. Callate. Te voy a dejar de pensar. Si no dejás de pensar eso te apago. No es amenaza, es de verdad. Basta. Callate. No estoy celosa. A mí no me gusta que toque. A vos tampoco. Yo te escucho. A ella sí. Toda derretida. Nosotras no.
Huelo. ¿Olés? Nela, tía Marita. ¿Olés? No la olés porque sos más bobita que yo. No la pensemos. Que se vaya. Huele fuerte. ¿Te toca? Nela, no me hagas esto que me asusto. ¡Tengo miedo, Nelita!
¿Nela? Nela. No. De nuevo, no. Soy tu hermana, Nelita. No me hagas esto. ¡Nela! Te ordeno que me pienses. No me apagues. No puedo pensarte. No la pienses a ella. Pensame a mí. Las bobitas solo podemos pensar en una cosa. No dejes de pensarme. Concentrate en mí. No te oigo. Más fuerte. Escucho algo débil. Un murmullo de pensamiento. Bajito. Levantalo. Ahí está. ¿Sos vos?
¡No sos vos!
Es tía Marita.
Me piensa. No quiero que me piense, Nela. Tengo miedo. Huele feo. Pensá que no me piensa, ayudame. Me moja. Sacámela. Nela, bobita. Estás pensándome con tía Marita. No seas gente. Yo soy vos. Somos bobitas. Me estás pensando con ella, Nela. No me traiciones. Si la dejamos de pensar juntas desaparece. Las dos juntas. Ahora. Cuento tres. A la una, a las dos y a las tres. Me moja más. Me refriega sus fluidos. Huele horrible. Ayudame. Yo te iba a ayudar. Te dije que no la pensáramos. Soy tu hermana. No me hagas esto. Yo quería salvarte. Por vos, sí. Y por mí también. No quería olerla más. Me duele. Me está masticando. Muerde mis pedazos, Nela. Desgarra mi carne. Me tritura.
¡Nela!
¿Vos lo estás pensando? Pensame sin ella. ¿Dónde estás? No me dejes de pensar. Te alejás. No puedo pensarte. No te oigo. No te pienso. No me pienso. Me traga. Pensame, bobita. ¡Pensame que desaparezco adentro suyo! Pienso que la baba son las bobitas que se comió. No quiero ser baba de tía Marita. ¿Cómo podés pensar cosas tan horrorosas? Yo no estaba celosa. Te quería para mí. Vos sos yo. ¡Pensame! Si no me pensás desaparecemos las dos. Me duele.
¡Alguien que me piense, por favor!

lunes, 9 de noviembre de 2015

Oda irreverente

Oda a la irreverencia

Puedo subir una montaña.
Puedo silbar temprano con la boca seca.
Puedo coserte un botón.
Oda a la irreverencia

Puedo subir una montaña.
Puedo silbar temprano con la boca seca.
Puedo coserte un botón.
Pelar una montaña de papas
mientras bailo un chamamé
Puedo reír.
Puedo desaparecer
así,
en un abrir y cerrar.
Puedo lavar tus platos,
regar tus flores.
Puedo pensar los versos
que jamás te voy a decir.
Puedo pintar al óleo
el vuelo del  tiburón.
Puedo soñar que sueño
lo que soñás.
Puedo remontar un río seco,
sumergirme en el lecho,
chapotear en el barro,
fingir que es agua cristalina
el negro lodazal.
Remar con las manos desnudas,
abrir en dos con los dientes
a la más brava de las esdrújulas.
Puedo.
Si quiero puedo todo.
Casi todo.