lunes, 7 de abril de 2014

Doscientas palabras



Día 89
Lunes 7-4-14

La sangre no huele

-- La sangre no huele.
-- Huele.
-- ¿Cómo podrías saberlo?
Los niños discutían sentados bajo el único árbol del patio. Pocas hojas que apenas si filtraban el sol de la siesta de verano. La mamá había ordenado que se acostaran. Ella misma también se acostó.  Quién podía respirar con ese calor, quién quería vivir con esa soledad. En qué momento la vida se había torcido. Si la viera su madre que la había criada para princesa. Entonces la que deseaba dormir pensó en la que fue, y el sueño se hizo realidad. Una princesa en su torre, un bello jardín florecido, un caballero se inclina.
El chillido intenso quebró el encanto. No hubo beso, si no vigilia. Despierta a la fuerza por los alaridos de sus hijos, la mujer se arrastró hasta el patio.
-- ¿Huele?
El niño sentado sobre la espalda de su hermano aún blandía un cuchillo de cocina. El sol parecía morir en su filo manando destellos enceguecedores. La mujer se acercó despacio, estaba tan cansada. Retiró el cuchillo de la mano del mayor, limpió con su falda el corte del menor, y volvió a la cama soñando que el caballero aún estuviera allí, inclinado, esperándola.

http://www.infobae.com/2014/04/07/1555486-pistorius-le-pidio-perdon-su-ex-suegra-el-crimen-su-novia

sábado, 5 de abril de 2014

Doscientas palabras

Día 88
Sábado 5-4-14

Código de honor

Antes de dormirse colocaba el pañuelo con su perfume bajo la almohada, miraba un rato la sonrisa de la foto, y oía el último mensaje que ella le dejara en el contestador automático. Todas las noches igual. El secreto estaba en repetir el esquema sin modificación alguna. Entonces invariablemente caía en un sueño tan profundo que tornaba posible lo imposible. Nunca había disfrutado tanto de ella antes.
Sus amigos, que desde el accidente se turnaban para acompañarlo, se asombraban de que pudiera dormir así. Suponían que el duelo se acompañaba con sedantes. Él desistía de explicarles. Imposible contarles su secreto sin ser lascivo. Los tranquilizaba con evasivas, intentaba esconder su sonrisa. Un caballero no le cuenta sus andanzas amorosas a los amigos, las disfruta en silencio.
Sin embargo cuando pasaron los meses comenzó a dudar. ¿Era en verdad ella con quien pasaba sus noches? ¿Son meros sueños los sueños? La duda lo carcomía, y resolvió hablar. Invitó a uno de sus amigos más discretos, y le comentó lo que pasaba tratando de retacerle los detalles más ardientes. El amigo sonrió, lo palmeó en la espalda, y lo mandó a dormir. Pero desde esa noche ella nunca más lo volvió a visitar.

http://www.clarin.com/sociedad/Aftersex-ahora-furor-selfies-despues_0_1114688639.html

jueves, 3 de abril de 2014

Doscientas palabras

Día 87
Jueves 3-4-14

Estrellados

Era una estrella de cinco puntas, común. Violácea con textura evidente. No necesitabas pasarle el dedo. Sarpullido de braille. Podías imaginar la aguja penetrando la piel, la tinta continuando el camino, hasta la cara de dolor del portador. Desde la nuca la estrella hablaba sin que su dueño la escuchara. La cruzaba una arruga, se inclinaba a un lado, al otro. El movimiento estelar era centrífugo: no podías sacar los ojos del centro. Me imaginé arrojando un dardo invisible desde el fondo del colectivo. Hubiera podido dar en el blanco.
Hora pico, había conseguido asiento de casualidad. El pelado estrellado también gozaba del privilegio de viajar sentado. Junto a él había una señora mayor, tapada como si hubiera llegado la ola polar. Cuando empezó a desabrigarse, su mano entró en mi plano fijo de nuca, y mis ojos por fin se desprendieron de la estrella. Ella también tenía estrella. Y la chica de delantal. Ahora no quería ver, pero no pude evitar observar la punta que asomaba del cuello de la camisa de mi propio compañero de asiento.
Toqué timbre, bajé del colectivo, esperé el siguiente. En la parada aflojé la corbata y comprobé la textura en mi propia nuca.

martes, 1 de abril de 2014

Doscientas palabras

Día 86
martes 1-4-14

Amores que matan

No le había sido fácil a Carlos relacionarse. Demasiado tímido para las chicas del pueblo crecidas con un pie en el barro y el otro en el asfalto, deseando hombres lejanos.
-- Hay que ver como están robando-- decían las doñas que dormían la siesta con la puerta de calle abierta, a la pesca de una brisa fresca que les ablande la rutina. Los noticieros capitalinos les traían postales urbanas en dosis diarias, descriptivas de esa realidad paralela, que lo dejaba a Carlos sin chance de conseguir novia.
Por eso lo suyo eran los animales. No los de granja, ninguno que pudiera terminar en el asador. El muchacho solía trabar amistad con un cisne, una liebre, un pato. O pata, como en este caso. ¿Cómo supo que era pata? Por el modo en que ella dedicó las tardes a a seducirlo batiendo sus alas, entrecerrando sus ojos sin pestañas, sacudiendo su cola al nadar. Sin embargo a los enamorados los separaba un abismo: el chico no sabía nadar. Pero una tarde en la que observaba a su amada desde la costa creyó ver un nuevo gesto en su cuello torcido. Una invitación a internarse en el agua que no pudo ignorar.

http://www.infobae.com/2014/03/31/1554059-santiago-del-estero-un-cazador-murio-ahogado-al-ir-buscar-un-pato-al-que-disparo

sábado, 29 de marzo de 2014

Doscientas palabras

Día 85
Sábado 29-3-14

Cuento de hadas

No le gustaba el Quijote, por eso detestaba la comparación.  Odiaba incluso al género completo, consideraba que las novelas ni siquiera eran literatura. ¿A quién podía interesarle leer aquello que podría haberse narrado con tanta más elegancia y economía de lenguaje? Por eso Quijano había dedicado su vida al estudio del cuento de hadas. ¿Qué podía tener en común con el Quijote? No estaba obsesionado, sólo amaba las construcción poética que encerraban esos micromundos.
Pero el chiste se repetía en todos los ambientes académicos, y él llegó a evaluar la posibilitad de cambiarse de nombre. No fue necesario. Bastó con cambiar de mundo: gracias a un intercambio universitario logró establecerse en Oriente, donde nadie conocía la existencia de su casi tocayo. ¿Quién necesitaba novelas teniendo Las mil y una noche?
Poco tiempo después de establecerse en Dubai alguien le comentó sobre el caso de las princesas encerradas. Dos hermanas tan bellas como la luna, prisioneras en una torre por el cuidado obsesivo de un padre celoso. ¿Cómo podía seguir leyendo cuando el cuento invitaba a ser vivido? Dicen que aún puede verse al hombre, montado sobre un auto destartalado, rondando los jardines palaciegos de cuanta mansión encuentra en su camino.

http://www.lanacion.com.ar/1676310-cuatro-princesas-confinadas-y-a-pan-y-agua-en-un-palacio-saudita

viernes, 28 de marzo de 2014

Doscientas palabras



Día 84
Viernes 28-3-14

Justicia popular

La señora del kiosco es al barrio lo que el 304, o la escuela 17. Una representante tan vieja que ni el tiempo le marcó la cara, tiene el mismo mapa de arrugas desde la época en la que le robábamos las golosinas a la salida del colegio. "Por un par de Kinder no se va a fundir". La sustracción formaba parte de un rito. En mi casa la plata no sobraba como para golosinas,  y aquella rutina escolar me sonaba además a justa compensación. Cuando crecimos aprendimos que la travesura infantil contaba con el aval de la misma señora del kiosco, que hacía la vista gorda para no perdernos como clientes. ¿Acaso quién iba a vendernos nuestras primeras cervezas cuando aún no teníamos edad de tomar? Desde entonces y aún hoy, los pibes nos encontramos en la puerta, después del laburo, y nos tomamos unas birras que pagamos a fin de mes. Por eso, cuando quiso quedarse el perrito sarnoso del chorrito que osó meterse con uno de los nuestros y terminó bajo tierra, se lo dejamos. No íbamos a matar un perro que ya estaba casi muerto. Y lo contenta que está la vieja ahora que tiene compañía.

http://www.lacapital.com.ar/policiales/Si-creyeron-que-robo-lo-tendrian-que-haber-llevado-a-la-comisaria-20140328-0023.html

jueves, 27 de marzo de 2014

Doscientas palabras

Día 83
Jueves 27-3-14

Teléfono

La cola llegaba a la esquina. Miró el reloj. Se puso atrás. Adelante suyo una señora mayor se agarraba del bastón y sostenía con el cospel entre sus dedos torcidos. ¡El cospel! ¿Tenía el suyo? Revisó los bolsillos, no estaba. Atrás suyo ya se habían sumado dos chicas, un señor, todos con su cospel en la mano. ¿Dónde había dejado el suyo? Por cambiarse de ropa. Había quedado en el bolsillo del saco. Hubiera venido con el uniforme, pero le daba vergüenza. Los amigos del barrio ya habían terminado el secundario.
El hombre que estaba hablando vociferaba en el teléfono. Estaba enojado con su hermana que no le quería prestar dinero. ¿Para qué se quedaba a escucharlo si no tenía cospel?
-- Señora, disculpe. ¿Usted no tendría un cospel de más para venderme?
La anciana del bastón inclinó la cabeza, como si no lo oyera. Una de las chicas de atrás se compadeció y le tendió uno. Justo que la señora de adelante se hacía a un lado para dejarlo discar porque a ella le daba ocupado. Nervioso por fin marcó el número de su chica, pero colgó sin hablar cuando escuchó la voz del padre del otro lado del tubo.

martes, 25 de marzo de 2014

Doscientas palabras diarias

Día 82
Martes 25-3-14

Regalo

La caja se movía. Estaba envuelta con papel de regalo del hombre araña. Un paquete improvisado, la cinta mal pegada, el moño torcido, el padre no era experto pero se había esmerado. El cumpleaños había sido el día anterior pero lo había festejado con su madre.
-- ¿Qué querés de regalo?--le preguntó cuando lo llamó a la casa que había sido también suya en un pasado no tan lejano. El chico ni le contestó; en cambio oyó la voz de su ex mujer instando al niño a saludar a su padre antes de seguir jugando con el auto a batería que acababan de regalarle.
-- ¿No lo vas a abrir?
El cumpleañero no podía siquiera despertarse. Su ex le había advertido que lo dejara dormir, que estaba cansado. Era chico, estaba sobre excitado. De hecho se había quedado dormido en el auto antes de llegar al departamento paterno. Pero el hombre tenía sólo veinticuatro horas para disfrutar de su niño, y no le pareció justo dejarlo dormir. Levantó las cortinas, la luz invadió la habitación vacía. El niño se frotó los ojos y aceptó la caja. Rompió el papel, sacó la tapa y un pequeño mono le saltó a la cara.

http://m.minutouno.com/notas/317233-misterio-mendoza-desaparecieron-tres-monos-ardilla-del-zoologico

lunes, 24 de marzo de 2014

Doscientas palabras diarias

Día 81
Lunes 24-3-14

Ex artista


Un hilo de viento atravesó el cubículo. El frío se había adelantado, tendría que haber prendido la salamandra. Una lata tubular. Intentó dormirse, olvidar el clima. Dio una vuelta sobre sí mismo, el movimiento desató un murmullo de fricciones. Las telas al rozarse mezclaban colores, intercambiaban sentidos. Diálogo de formas uniformes, pensó con anacrónico reflejo. Un hedor de óleo correoso se desprendió de su lecho improvisado; los viejos lienzos se resistían a ser cama. Esa mañana los había desmontado de sus bastidores, la madera serviría para el fuego, pero la tela pintada no se podía quemar. La combustión sería tóxica. Además correría riesgo la integridad de su choza montada sobre chapadur y madera de los cuadros heredados. Para levantar su nueva morada había elegido la obra de sus colegas, no la suya. Esa que solían intercambiarse con una palmada condescendiente, entre risas y flashes.
No debería haber puesto el Lojo sobre el techo. El magenta se colaba entre sus párpados cerrados. Se recordó que el color ya no era su problema, que el arte no podría robarle el sueño nunca más. Entonces su cuerpo se relajó y pudo dormirse aún rodeado del rojo Lojo bajo el que se había refugiado.

http://www.clarin.com/ciudades/artistas-ocuparon-taller-robaron-obras_0_1107489297.html

domingo, 23 de marzo de 2014

Doscientas palabras diarias

Día 80
Domingo 23-3-14

Plataforma

Algunos de los ancianos del pueblo aún lo recordaban con nostalgia. Sin embargo, costaba creer que aquel despojo de chatarras hubiera sido alguna vez una base de lanzamiento espacial.  La localidad resistía la extinción a fuerza de contarse a sí misma las viejas historias. De hecho, todavía se celebraban los ocho de marzo, aunque a muchos les costara entender la particularidad de un lanzamiento determinado. Cualquier hijo de buen vecino tenía aunque más no sea un cohetecito destartalado en la entrada de su casa. ¿Por qué haría especial al pueblo la presencia de un cohete en particular? Las maestras habían dejado de explicarlo porque ellas mismas tampoco lo entendían. La tradición no se analizaba. Por eso, cuando el Delegado Municipal propuso convertir el centro espacial en en un centro cultural, con su propia plataforma, nadie cuestionó la incomprensible iniciativa.
--¿Cuál sería la utilidad de una plataforma de lanzamiento?
La voz se alzó de entre el silencio que dominaba en la vieja pista, en medio del acto inaugural.
-- Jovencito --contestó el funcionario-- hubo una época en la que todo el pueblo se reunía en este lugar simplemente para contemplar un lanzamiento.
Al finalizar el acto, cada uno volvió a sus tareas.

http://www.lanacion.com.ar/1674650-pipinas-el-pueblo-olvidado-que-suena-ser-una-ciudad-espacial