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http://www.bubok.com.ar/libros/194273/Proyecto-150-x-365
martes, 4 de junio de 2013
viernes, 5 de abril de 2013
Proyecto: Usted está aquí: km 2,58
El sol del
otoño no es tibio. Basta con esa patraña. Al mediodía calienta fuerte. Tanto
que levanta el vaho húmedo del piso embaldosado. Orina canina, o de cualquier
otra índole. Se te mete en la nariz y te da picazón de garganta. La plaza seca
está en el lateral del colegio. Los bancos de cemento, bajo el rayo del sol.
Una mamá espera a su hijo. O hija. El timbre de salida todavía no suena. El de
la primaria, porque el del Jardín de Infantes parece que sí; de hecho la
acompaña en la espera su otro niño. El pequeño. Ella le enseña con correcta
dicción los pormenores de un cordón en función de ser atado. Inversión maternal,
cada minuto debe servir para educar a la criatura que demuestra grandes dotes
intelectuales. Él, por su parte, asegura que puede hacerlo solo.
-- Soy tu
mamá—sostiene ella con la confianza de quien exhibe la más fidedigna carta
credencial.
-- Pues desearía
que no lo fueras—contesta el geniecillo, mientras continúa luchando con su
cordón rebelde.
Finalmente
la zapatilla queda ajustada sin ayuda externa. El chico, sin embargo, evita
sacar ventaja del logro. La madre lo toma de la mano y se acerca a la puerta
del establecimiento. Los alumnos comienzan a salir en tropel. El pequeñito se
deja llevar, pero advierte:
-- Te voy a
abandonar. Cuando lleguemos a casa te voy a abandonar.
Bibiana
Ricciardi
viernes, 22 de marzo de 2013
Microcuento por la identidad (www.cuentosymas.com.ar)
Ausencia
Hace 37
años que espero el rasguño torpe de su llave en la cerradura. ¿Por qué jamás
supo abrir la puerta en silencio?
Bibiana Ricciardi
miércoles, 20 de marzo de 2013
Usted está aquí – Km -1,70
Después de un prolongado silencio comenzó a
toser. Sin mucho entusiasmo, una tosecita seca. Para meter ruido nomás. El eco
le devolvió su pobre y mustio sonido impoluto. El carraspeo no parecía haber
chocado ni con una silla siquiera. ¿Estaba en un espacio vacío?¿Qué tan vacío
podía estar un espacio?
Extendió una mano hacia atrás, palpó el aire a
su alrededor. Nada. Hubiera jurado que aunque sea habría una pared. Algo dónde
apoyarse. Dio un paso breve hacia atrás. Los límites de los espacios suelen
estar hacia atrás. Sus zapatos de goma ni siquiera rozaron el suelo. Tampoco
había abajo. El vacío era extenso. Profundo. Pensó que entraría en pánico si no
lograba saber dónde estaba. En qué parte de sí misma había logrado sumergirse
esta vez. Imaginó uno de esos mapas para
guiarse en las ciudades. Esos que indican “Usted está aquí” y marcan con un
círculo rojo un espacio diminuto en un crucigrama de calles. Una afirmación
potente, capaz de devolverle la tranquilidad hasta al más exigente de los
transeúntes. Ahora la fórmula se invertía: “¿Dónde está usted?”. Sin líneas, ni
círculos no hay mapa posible.
Intentó
percibir su propio pulso, la textura de sus entrañas. El olor de los fluidos
circulando dentro suyo. El rumor de la sangre inundando sus venas. Nada. No había
nada. No había forma de guiarse dentro de uno mismo. ¿Qué hacer? ¿Qué podía
hacer una consigo misma? Ante todo activar el instinto de supervivencia: Aceptar
con resignación el vacío interior, y evitar exponerse ante una pantalla en
blanco.
Bibiana
Ricciardi
miércoles, 6 de marzo de 2013
Proyecto “Usted está aquí” – Km 0
Km 0 - Roseti y Tronador, Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, Argentina
Soy de las
que tienen las cosas claras. Cada cosa por su nombre. Por ejemplo esto que
escribo aquí. Si, esto. Esto mismo que usted está leyendo. Esto que aún no
tiene nombre. ¿Cómo podría llamarlo si aún no tiene forma? Lo que digo: cada
cosa por su nombre. Al pan, pan. Y a la descripción del pan, texto. Puedo
nombrar hasta el tipo de olor que despide la hogaza recién horneada. Su
textura, su color. Puedo utilizar decenas de vocablos para describir al detalle
dicho ente. El problema no es de amplitud de vocabulario. Las palabras por
suerte abundan, pero no pueden reemplazar al pan. "Esto no es una
pipa". (Esto que acabo de entrecomillar no es Magritte. Es sólo una cita.)
Por eso, volviendo a lo mío, "esto" que está tomando forma textual no
es un relato personal. Ni siquiera una reflexión autobiográfica. ¿Por qué lo
sería? ¿Porque está escrito en primera persona? ¿Porque quien afirma su
convicción sobre la forma lo hace mientras relata? ¿Porque coincide la voz de
la narradora con la de la protagonista? Mera coincidencia. La idea es escribir
un cuento. Esto todavía no lo es, lo sé. Pero tampoco es real. Es ficción.
Aunque escriba y reflexione en primera persona. Aunque yo también tenga un hijo
que quiere un perro. Digo yo, la autora, no la protagonista. Ambas tenemos un
hijo. O dos, en verdad. Uno mayor que el otro. Tan mayor como para poder
argumentar con fuerza antes de que sea concebido su hermano. El niño (mi hijo
mayor, que aún no lo era porque todavía no tenía hermanos - evitaré nombrarlo
para atajar suspicacias-) quería un perro. Pero a mí (la que habla ahora soy yo
misma, el personaje de ficción) jamás me gustaron los perros. Por eso argumenté
que antes de tener un perro prefería tener otro hijo, ya que los bebés dan
tanto trabajo como los perros. No fue una humorada. De hecho, su padre y yo
concebimos así una nueva criatura. Un cachorrito. Macho, dulce y juguetón, que
en cuanto creció lo suficiente pidió un perro. Mi marido y yo ya estábamos
cansados y preferimos no discutir. Llegó así Atos a nuestra casa. ¿Moraleja?
Nunca digas nunca. Esto no es un cuento. Es una fábula. Las fábulas no son
reales. Quien me conoce (a mí, la escritora es quien escribe ahora, no la
protagonista) sabe que yo jamás aceptaría un perro en mi casa. Tengo un marido
y dos hijos. Pero jamás tendría un perro.
Bibiana
Ricciardi
jueves, 28 de febrero de 2013
Proyecto “Usted está aquí” – Km 2,54
Km 2,54 - Conde
200, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina
Tenía las
zapatillas sucias. Viejas. La cara brillante, los ojos pintados, la sonrisa
puesta, la blusa, el collar. Pero las zapatillas no. Un agujero en el costado.
Un cordón más corto que el otro. ¿No se daba cuenta que había un sorete justo
al lado de su pie? En cualquier momento lo pisaba. Mucha risita y voz coqueta
pero iba a volver a su casa sucia. Oliendo a mierda de perro. En la cuadra del
colegio siempre había caca. Algunas personas la levantaban en una bolsita.
Esperaban que saliera y la levantaban rápido antes de que se enfriara. Porque
la caca es caliente. Cuando sale, después no. Se enfría. ¿A dónde se llevarían
la caca? ¿La coleccionaban? La mochila me pesaba, y la señora no dejaba de
preguntarle cosas con su micrófono a mi papá, que contestaba feliz. ¿Por qué los
grandes festejan tanto el primer día de clases? Entonces la periodista me
habló. O sea, no me habló a mí, que estaba más cerca de sus zapatillas viejas
que de su cara bonita. Pero me di cuenta que sí era a mí cuando me puso el
micrófono frente a la boca. Las pestañas largas. Parpadeo tenso. Papá sonrisa
de extraño. Esperaban una respuesta. Algo del colegio supuse.
-- Me gusta
aprender.
Sonrisa
roja, palmada paterna.
-- ¿Qué te
gustaría aprender este año?
-- Cosas de
los perros—dije.
Risas
tensas.
-- ¿Qué
cosas, por ejemplo?
-- Cosas.
No sé. Cosas que no sé.
-- ¿Te
gustaría ser veterinario?
-- No, me
gustaría saber por qué la caca cuando sale está caliente.
Tosecita amenazante
paterna. Temblequeo nervioso de la mano que esgrimía el micrófono. Se me
escapó. A veces las cosas salen de la boca sin pensar, como un eructo. A mí no
me gustan las periodistas. No me gusta el colegio. Me gustan los perros que
andan por ahí cagando tranquilos sin que nadie los moleste. ¿Qué hay de malo
con la caca? La zapatilla vieja trastabilló y buscando equilibrio se asentó sobre
el sorete que la esperaba.
Bibiana
Ricciardi
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