martes, 4 de junio de 2013

Bajada gratuita del libro "Proyecto 150 x 365"

En este link podés bajarte el libro completo en su versión digital:

http://www.bubok.com.ar/libros/194273/Proyecto-150-x-365

viernes, 5 de abril de 2013

Proyecto: Usted está aquí: km 2,58




Usted está aquí: km 2,58 Conde y Santos Dumont - C.A.BA. Argentina
 El sol del otoño no es tibio. Basta con esa patraña. Al mediodía calienta fuerte. Tanto que levanta el vaho húmedo del piso embaldosado. Orina canina, o de cualquier otra índole. Se te mete en la nariz y te da picazón de garganta. La plaza seca está en el lateral del colegio. Los bancos de cemento, bajo el rayo del sol. Una mamá espera a su hijo. O hija. El timbre de salida todavía no suena. El de la primaria, porque el del Jardín de Infantes parece que sí; de hecho la acompaña en la espera su otro niño. El pequeño. Ella le enseña con correcta dicción los pormenores de un cordón en función de ser atado. Inversión maternal, cada minuto debe servir para educar a la criatura que demuestra grandes dotes intelectuales. Él, por su parte, asegura que puede hacerlo solo.
-- Soy tu mamá—sostiene ella con la confianza de quien exhibe la más fidedigna carta credencial.
-- Pues desearía que no lo fueras—contesta el geniecillo, mientras continúa luchando con su cordón rebelde.
Finalmente la zapatilla queda ajustada sin ayuda externa. El chico, sin embargo, evita sacar ventaja del logro. La madre lo toma de la mano y se acerca a la puerta del establecimiento. Los alumnos comienzan a salir en tropel. El pequeñito se deja llevar, pero advierte:
-- Te voy a abandonar. Cuando lleguemos a casa te voy a abandonar.

Bibiana Ricciardi

viernes, 22 de marzo de 2013

Microcuento por la identidad (www.cuentosymas.com.ar)

Ausencia



Hace 37 años que espero el rasguño torpe de su llave en la cerradura. ¿Por qué jamás supo abrir la puerta en silencio?

Bibiana Ricciardi

miércoles, 20 de marzo de 2013

Usted está aquí – Km -1,70




 Después de un prolongado silencio comenzó a toser. Sin mucho entusiasmo, una tosecita seca. Para meter ruido nomás. El eco le devolvió su pobre y mustio sonido impoluto. El carraspeo no parecía haber chocado ni con una silla siquiera. ¿Estaba en un espacio vacío?¿Qué tan vacío podía estar un espacio?
Extendió una mano hacia atrás, palpó el aire a su alrededor. Nada. Hubiera jurado que aunque sea habría una pared. Algo dónde apoyarse. Dio un paso breve hacia atrás. Los límites de los espacios suelen estar hacia atrás. Sus zapatos de goma ni siquiera rozaron el suelo. Tampoco había abajo. El vacío era extenso. Profundo. Pensó que entraría en pánico si no lograba saber dónde estaba. En qué parte de sí misma había logrado sumergirse esta vez.  Imaginó uno de esos mapas para guiarse en las ciudades. Esos que indican “Usted está aquí” y marcan con un círculo rojo un espacio diminuto en un crucigrama de calles. Una afirmación potente, capaz de devolverle la tranquilidad hasta al más exigente de los transeúntes. Ahora la fórmula se invertía: “¿Dónde está usted?”. Sin líneas, ni círculos no hay mapa posible.
 Intentó percibir su propio pulso, la textura de sus entrañas. El olor de los fluidos circulando dentro suyo. El rumor de la sangre inundando sus venas. Nada. No había nada. No había forma de guiarse dentro de uno mismo. ¿Qué hacer? ¿Qué podía hacer una consigo misma? Ante todo activar el instinto de supervivencia: Aceptar con resignación el vacío interior, y evitar exponerse ante una pantalla en blanco.

Bibiana Ricciardi

miércoles, 6 de marzo de 2013

Proyecto “Usted está aquí” – Km 0



Km 0 - Roseti y Tronador, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Soy de las que tienen las cosas claras. Cada cosa por su nombre. Por ejemplo esto que escribo aquí. Si, esto. Esto mismo que usted está leyendo. Esto que aún no tiene nombre. ¿Cómo podría llamarlo si aún no tiene forma? Lo que digo: cada cosa por su nombre. Al pan, pan. Y a la descripción del pan, texto. Puedo nombrar hasta el tipo de olor que despide la hogaza recién horneada. Su textura, su color. Puedo utilizar decenas de vocablos para describir al detalle dicho ente. El problema no es de amplitud de vocabulario. Las palabras por suerte abundan, pero no pueden reemplazar al pan. "Esto no es una pipa". (Esto que acabo de entrecomillar no es Magritte. Es sólo una cita.) Por eso, volviendo a lo mío, "esto" que está tomando forma textual no es un relato personal. Ni siquiera una reflexión autobiográfica. ¿Por qué lo sería? ¿Porque está escrito en primera persona? ¿Porque quien afirma su convicción sobre la forma lo hace mientras relata? ¿Porque coincide la voz de la narradora con la de la protagonista? Mera coincidencia. La idea es escribir un cuento. Esto todavía no lo es, lo sé. Pero tampoco es real. Es ficción. Aunque escriba y reflexione en primera persona. Aunque yo también tenga un hijo que quiere un perro. Digo yo, la autora, no la protagonista. Ambas tenemos un hijo. O dos, en verdad. Uno mayor que el otro. Tan mayor como para poder argumentar con fuerza antes de que sea concebido su hermano. El niño (mi hijo mayor, que aún no lo era porque todavía no tenía hermanos - evitaré nombrarlo para atajar suspicacias-) quería un perro. Pero a mí (la que habla ahora soy yo misma, el personaje de ficción) jamás me gustaron los perros. Por eso argumenté que antes de tener un perro prefería tener otro hijo, ya que los bebés dan tanto trabajo como los perros. No fue una humorada. De hecho, su padre y yo concebimos así una nueva criatura. Un cachorrito. Macho, dulce y juguetón, que en cuanto creció lo suficiente pidió un perro. Mi marido y yo ya estábamos cansados y preferimos no discutir. Llegó así Atos a nuestra casa. ¿Moraleja? Nunca digas nunca. Esto no es un cuento. Es una fábula. Las fábulas no son reales. Quien me conoce (a mí, la escritora es quien escribe ahora, no la protagonista) sabe que yo jamás aceptaría un perro en mi casa. Tengo un marido y dos hijos. Pero jamás tendría un perro.

Bibiana Ricciardi

jueves, 28 de febrero de 2013

Proyecto “Usted está aquí” – Km 2,54



Km 2,54 - Conde 200, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Tenía las zapatillas sucias. Viejas. La cara brillante, los ojos pintados, la sonrisa puesta, la blusa, el collar. Pero las zapatillas no. Un agujero en el costado. Un cordón más corto que el otro. ¿No se daba cuenta que había un sorete justo al lado de su pie? En cualquier momento lo pisaba. Mucha risita y voz coqueta pero iba a volver a su casa sucia. Oliendo a mierda de perro. En la cuadra del colegio siempre había caca. Algunas personas la levantaban en una bolsita. Esperaban que saliera y la levantaban rápido antes de que se enfriara. Porque la caca es caliente. Cuando sale, después no. Se enfría. ¿A dónde se llevarían la caca? ¿La coleccionaban? La mochila me pesaba, y la señora no dejaba de preguntarle cosas con su micrófono a mi papá, que contestaba feliz. ¿Por qué los grandes festejan tanto el primer día de clases? Entonces la periodista me habló. O sea, no me habló a mí, que estaba más cerca de sus zapatillas viejas que de su cara bonita. Pero me di cuenta que sí era a mí cuando me puso el micrófono frente a la boca. Las pestañas largas. Parpadeo tenso. Papá sonrisa de extraño. Esperaban una respuesta. Algo del colegio supuse.
-- Me gusta aprender.
Sonrisa roja, palmada paterna.
-- ¿Qué te gustaría aprender este año?
-- Cosas de los perros—dije.
Risas tensas.
-- ¿Qué cosas, por ejemplo?
-- Cosas. No sé. Cosas que no sé.
-- ¿Te gustaría ser veterinario?
-- No, me gustaría saber por qué la caca cuando sale está caliente.
Tosecita amenazante paterna. Temblequeo nervioso de la mano que esgrimía el micrófono. Se me escapó. A veces las cosas salen de la boca sin pensar, como un eructo. A mí no me gustan las periodistas. No me gusta el colegio. Me gustan los perros que andan por ahí cagando tranquilos sin que nadie los moleste. ¿Qué hay de malo con la caca? La zapatilla vieja trastabilló y buscando equilibrio se asentó sobre el sorete que la esperaba.
Bibiana Ricciardi